Identifican una nueva especie extinta de bóvido pariente de los yaks
El ADN de huesos hallados en la cueva de Denisova revela un linaje de bóvido desconocido que vivió en el sur de Siberia y siguió un camino evolutivo propio.
Un equipo internacional de investigadores ha identificado una especie de bóvido hasta ahora desconocida a partir del ADN conservado en fragmentos óseos hallados en la cueva de Denisova y en otros yacimientos del sur de Siberia. El linaje, emparentado con los yaks actuales, evolucionó por separado durante cientos de miles de años. Los resultados se publican en Current Biology, según informa la Agencia SINC.
El trabajo, desarrollado por el Centro de Paleogenética de Estocolmo —una colaboración entre la Universidad de Estocolmo y el Museo Sueco de Historia Natural—, junto con la Universidad de California en Santa Cruz y la Universidad de Viena, ha permitido recuperar 20 genomas antiguos que cubren un periodo de 200.000 años. Las comparaciones con otros bóvidos confirmaron que los fósiles pertenecían a un linaje sin describir hasta ahora. Los cálculos sitúan su separación de los yaks modernos hace unos 400.000 años, con una divergencia completa alrededor de 250.000 años atrás.
Love Dalén, autor principal y profesor de Genómica Evolutiva en el Centro de Paleogenética, destaca la relevancia del hallazgo:
"Este es un descubrimiento extraordinario de una gran especie extinta a partir de pequeños huesos que no permitían identificarla", afirma Dalén.
El investigador compara el caso con el de los denisovanos, un grupo humano arcaico identificado en 2010 a partir de un único fósil, y subraya que la región de Altái pudo funcionar como refugio de biodiversidad durante las glaciaciones. A diferencia de lo observado entre distintos grupos humanos antiguos, los científicos apenas encontraron indicios de cruzamiento entre este linaje y otros bóvidos de la zona, como el bisonte de estepa o el uro.
Los datos también apuntan a un reemplazo de población durante el último periodo interglacial cálido, con pérdida de diversidad genética. Jonas Oppenheimer, otro de los autores principales e investigador posdoctoral del centro, señala que esto podría reflejar las consecuencias del calentamiento de hace unos 120.000 años sobre una especie adaptada al frío. El ejemplar más reciente analizado tiene unos 27.000 años; se desconoce cuándo y por qué se extinguió el linaje.
La evidencia genética por sí sola no basta para nombrar formalmente una nueva especie. Por eso, los investigadores quieren cotejar estos resultados con restos de aspecto similar a los yaks ya descritos en la región y determinar si pertenecen a la misma especie.
La mirada del búho
Más allá del interés científico, este hallazgo recuerda que los ecosistemas cambian y que las especies que hoy damos por fijas pueden desaparecer cuando su hábitat se transforma. Para quien vive en España, la conexión es indirecta pero real: los grandes herbívoros ibéricos, como el bisonte europeo reintroducido en algunos puntos o el uro desaparecido hace siglos, también dependen de decisiones humanas sobre el territorio.
- La pérdida de diversidad genética documentada en Siberia es un aviso sobre cómo el calentamiento fragmenta poblaciones adaptadas al frío, un patrón que ya se observa en especies de montaña en la península.
- Los proyectos de conservación y reintroducción en España se apoyan en estudios genéticos similares; entender el pasado ayuda a planificar mejor qué poblaciones pueden resistir el clima futuro.
- No hay cambios normativos ni trámites para el ciudadano, pero sí una razón más para respaldar la investigación pública que sostiene este tipo de trabajos.